jueves, 4 de febrero de 2010

Tiberius


Pasaron muchos días Zant y Rikimaru en aquella cueva antes de que Illene regresase con aquel misterioso Tiberius, durante ese tiempo Zant se ocupo de los cuidados de Rikimaru y el elfo oscuro comenzó a adiestrar al joven en el manejo de la magia pasando a ser su maestro.

Mientras los dos drows se quedaron en la cueva Illene emprendió la larga caminata hacia Ebura para encontrarse con un misterioso ser del que solo sabia el nombre, al menos cabía la posibilidad de encontrarse con alguno de los viejos compañeros de Sombra de Luna...

Pasados tres días del viaje, su camino pasaba ahora por la frontera con el desierto cuando un pájaro capto su atención, era un halcón que no dejaba de lanzarse en picado delante de ella.

Al fin decidió seguir al pájaro, le hizo internarse en el desierto, después de un par de horas caminando por la arena abrasadora ya conocida del desierto, cuando ya comenzaba a preguntarse por qué demonios seguía al dichoso pajarraco descubrió tras una duna a lo que parecía un hombre bastante desmejorado, seguramente llevase días de caminata por el infernal desierto, bajó corriendo la duna y atendió al hombre, le dio agua fresca y algo de comida que llevaba en una especie de zurrón de cuero.

-Gracias, no se como he llegado a esta situación, jamas me ocurrió algo semejante, sino hubiera aparecido en el momento justo señorita si su ayuda hubiera padecido sin remedio.

-No me de las gracias a mi caballero, sino es por ese pájaro suyo yo habría pasado jamás por aquí, mi ruta no entra dentro del desierto, y no se avergüence este desierto es muy traicionero todo el mundo lo sabe, más aun después de lo ocurrido con el demonio... No puedo entender que le hizo venir a este desierto, solo quedan unas pocas tribus nómadas y son sumamente hostiles, nada bueno ocurre en este mar de arena los esbirros del Sin Nombre se ocuparon de corromper lo poco bueno que quedaba en este lugar.

-Sabe mucho de este lugar...

-Se lo que todo el mundo sabe y veo todo lo que el mundo ve, ni más ni menos y ahora que ya se que usted se encuentra bien y que puede continuar su viaje yo he de seguir mi camino, pues el camino hacia Ebura es largo y no puedo perder tiempo.

-¿Ebura? Yo también me dirijo hacia ese lugar, tengo una cuestión que resolver allí uno asuntos...

Illene y el desconocido salieron del desierto y se encaminaron a Ebura, el hombre experimento lo que se podría denominar una sorprendente e increíblemente rápida mejoría del todo antinatural, pasaron muchos días camino de Ebura el uno sin saber el nombre del otro, hasta que de pronto una de las tantas mañanas cuando emprendía camino Illene rompió el silencio que envolvía la la lenta marcha hacia Ebura...

-Disculpadme caballero pero como os llamáis no me lo habéis dicho, y tampoco lo que os lleva a ese lugar desde el desierto ni de donde venís...

-Yo no soy ningún caballero, y si voy a ese lugar es porque necesito encontrar a los Sombra de Luna temas importantes he de tratar...

-Pues tengo una mala noticia para vos, aun no me habéis dicho como os llamáis, pero los Sombra de Luna ya no están en ese lugar, al menos no todos... No desde lo ocurrido en el desierto, muchos se han ido, otros vagan sin rumbo esperando el regreso de su líder...

-¿Eres acaso una de los Sombra de Luna que vagan sin rumbo esperando a Rikimaru?

- Soy una Sombra de Luna, mi nombre es Illene, pero no vago sin rumbo ni espero a Rikimaru pues se donde esta La Sombra, yo se muchas cosas es cierto pero reitero que no se tu nombre.

-Mi nombre es Tiberius, y a quién busco es a Rikimaru muchas cosas dependen de que lo encuentre...

-Ese nombre... ¡¿Por qué no lo degistes antes?! Perdona pero hablar con tantos formulismos me cansa, si me hubieras dado ese nombre antes haría días que estaríamos con él... Ahora hemos de volver sobre nuestros pasos. Hemos perdido cuatro días caminando en sentido opuesto más los tres que tarde en llegar a donde te encontré, llegaremos pues dentro de siete días a la cueva...


Los dos se pasaron los siete días caminando hasta la ubicación de la cueva en la que se encontraba el drow, cuando llegaron Rikimaru se encontraba perfectamente recuperado, a nivel fisico y mágico, se encontraba sentado en una silla a la entrada de la cueva fumando en su pipa.

-Hola, al fin llegais, Illene-el drow le paso una mano cariñosamente por la espalda- y tu has de ser Tiberius ¿no?...