miércoles, 7 de octubre de 2009

Pensamientos

Hace muchas lunas que vago por las tierras de Mul-sabbuth, tanto tiempo vagando por estos lares de traición, desolación y muerte... Apenas recuerdo cuando llegué, de la mano de Urundael, a Sombra de Luna y en definitiva a este mundo dónde el Inmundo nos somete a todos a su voluntad, sí a todos yo incluido.

He visto derramar tanta sangre en los campos de batalla, tantas vidas agotarse de forma prematura, tantos jóvenes que en lugar de disfrutar de sus vidas se afanaban estoicamente poner fin a la vida de los demás antes de que alguien pusiera fin a la propia...

Todo para qué me pregunto yo, para lograr la consecución de un sueño, un sueño que se basa en nuestra codicia, codicia que el Sin Nombre se encarga de alimentar para mantenernos subyugados a su voluntad, mientras que con una mano nos lanza migajas para que nos matemos por ellas, con la otra nos lo quita todo.

Pero algo cambió cuando esa maldita lagartija salió de su madriguera para destrozar todo cuanto había en Mul-Sabbuth, no contaba con un puñado de valerosos magos dispuestos a sacrificarse por restaurar lo devastado y mucho menos que consiguieran ese objetivo con algo de ayuda del denominado Demonio de los Mil Ojos, yo siento orgullo por esos valerosos actos, para un servidor no puede existir honor más grande que el de haber estado entre tan nobles guerreros. Pero ahora yazco aquí postrado en lo que parece ser una especie de cama, sin poder valerme por mi mismo, y todo por culpa de las heridas sufridas como castigo por osar enfrentarnos a la voluntad del Dragón, al menos yo sigo con vida, no se quién me atiende pero está claro que alguien ha de estar haciéndolo pues aunque no pueda abrir los ojos, no oiga y apenas sienta algo que no sea dolor, si percibo su presencia velándome casi de continuo, solo me pregunto ¿qué habrá sido de mis compañeros de viaje?... ¿Y mis hermanos de clan?...

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